El reproche habitual es rápido: “eso parece tema de marca, no educación”. Lo entiendo cuando la innovación llega sólo pintada como marketing. Yo lo digo despacio porque el problema es otro.
Lo que denominamos diferencias perceptivas grandes no está en etiquetas DSM que yo no puedo pegar pantalla dentro — está en comportamientos consistentes que repetimos sin querer hasta que encontramos formato que no pelea contra el trabajo escolar mismo. La literatura de carga cognitiva (Sweller & colaboradores; revisiones años noventa y dos miles) lleva tiempo mostrando que la misma información en distinto canal distribuye recurso atencional distinto. No es “fácil vs difícil”: es qué parte del cerebro paga el coste.
Cuatro interfaces honestas implican que renunciamos a la mentira de “interfaz única neutral”. La neutralidad del diseño digital es un mito: el blanco agota a quien filtra ruido visual distinto; el ritmo que te salva a ti me acelera a mí; el bloque de texto denso que “es estándar” reproduce exclusión callada.
Por eso enlazo adaptar sin infantilizar y el mapa sin diagnosticar desde icono. No es que la web “lo explique mejor que el blog”: es que el blog sirve para justificar por qué la demo no puede ser ornamental.
Si después de todo esto sigues sintiendo rechazo visceral contra variación visual sistemática en edtech te invito una pregunta incómoda: ¿quieres igualdad superficial (misma pantalla) o igualdad jurídica real (curriculum accesible materialmente)?